Decía Ernest Hemingway que, al escribir una novela, un escritor debe crear personas vivas; personas no personajes. Un personaje es una caricatura. Esta idea me sirve para comenzar este artículo y para destacar la importancia de crear buenos personajes en nuestras historias. Efectivamente los personajes no deben ser caricaturas ni marionetas. Son entes de la ficción, sí, pero con vida propia.
Sin embargo, debemos ser conscientes de la medida de su importancia en la historia, es decir, no todos los personajes necesitarán el mismo desarrollo. No es lo mismo un protagonista que un secundario. También tenemos que preguntarnos si todos los personajes que aparecen son necesarios. Y es que si un personaje aparece, tiene que haber una razón definida en la historia: porque todo personaje tiene una función.
Funciones de los personajes
Todo personaje tiene una función en la historia de tal manera que, si lo eliminamos, la historia se quedaría coja, algo le faltaría. Cada personaje que aparece en ellas debe estar ahí por algo. Esto es de suma importancia en el cuento, pues, pues su extensión, no podemos utilizar muchos personajes.
Con respecto a los protagonistas, no solemos tener problemas a la hora de definir su función, pues ya sabemos que ellos son el motor de la historia. Pero no siempre ocurre lo mismo con los secundarios. En ocasiones, parecen parte del atrezo, como decorado o ambientación, pero eso sería válido para los personajes terciarios o incidentales, no para los personajes secundarios que siempre tienen que tener una función clara. Y es que los personaje secundarios están ahí al servicio de la trama y, por ende, de los protagonistas.
¿Cuántos personajes puede tener una historia?
No hay una norma fija para esto. Se suele decir que una novela tiene como mucho tres protagonistas, aunque esto es muy relativo pues dependerá de su complejidad. También se considera que más de tres personajes en total, son demasiados para un cuento, pero como en todo hay excepciones. A veces varios personajes tienen el mismo rol, y representan a un colectivo, en ese caso no computarían como personajes individuales. Esto sucede a menudo en historia de aventuras donde se forma una compañía o un grupo de personas para alcanzar el objetivo. Lo cierto es que más de cinco personajes es un cuento no es nada habitual, y pocas veces son necesarios salvo que se trate de cuentos de una extensión importante. Por supuesto hablamos de personajes de cierta entidad, protagonistas y secundarios, no de los incidentales.
¿Cómo corregir un cuento con exceso de personajes? Es una pregunta que me hacen algunos alumnos. Hay varias soluciones, varias preguntas que tenemos que formularnos para saber cómo eliminar personajes. La primera, claro está, es estar seguros de que todos los personajes son necesarios. Si eliminamos uno, ¿cambia en algo la historia? Si la respuesta es no, seguramente ese personaje está de más.
Otras opciones son agrupar personajes. Pongamos que tenemos un personaje que es el hermano del prota, pero a la vez, por el argumento de la historia, necesitamos tener un vecino. ¿Y no podría ser el hermano también su vecino?
Esta idea de agrupar personaje es frecuente en la escritura autobiográfica. No todas las personas que nos hemos encontrado en nuestra vida tienen un papel fundamental. Y si lo tienen en un momento en concreto, podemos autoficcionar y otorgar esa función a otro personaje, evitando así un número excesivo de ellos que pueden confundir al lector.
Los personajes y sus funciones según Vladimir Propp
En 1928, el formalista ruso Vladimir Propp revolucionó el análisis literario con su obra Morfología del cuento, donde identificó que, más allá de la psicología del personaje, lo que realmente importa es su función dentro de la trama.
Para Propp, el personaje es lo que hace. No definió a los héroes por su forma de ser, sino por las acciones que realizan y que impulsan la narración. Según esta idea, estableció siete roles fundamentales que, según él, pueden tener los personajes en las historias.
Los 7 roles o arquetipos funcionales según Propp
El héroe
Es el eje central. Su función no es solo “ser bueno”, sino reaccionar ante una carencia o una injusticia. El héroe de Propp es aquel que acepta una misión, supera pruebas y, finalmente, restablece el equilibrio. Es el protagonista de la historia.
El agresor (o villano)
Su papel es perturbar la paz. Es quien crea el conflicto inicial, ya sea mediante el engaño, el robo o la violencia. Sin un agresor que rompa la cotidianidad, el héroe no tendría motivo para partir. Son los antagonistas de las historias o al menos forman parte del conflicto narrativo.
El donante o benefactor
Un personaje clave que suele aparecer en el camino. Su función es poner a prueba al héroe para luego entregarle un objeto mágico o un conocimiento esencial que le permitirá vencer al mal. También puede prepararle para alguna misión. Por eso en muchas historias este papel se corresponde con un maestro o mentor.
El auxiliar
Es el aliado fiel. A diferencia del donante, el auxiliar acompaña al héroe durante su viaje, ayudándolo directamente en las tareas imposibles o rescatándolo en momentos de peligro.
En jerga inglesa se le suele denominar sidekick, que se traduciría algo así como compinche. Es Robin para Batman, Sancho Panza para Don Quijote o Watson para Sherlock Holmes. Además de como acompañante y de ayudante, también suele utilizarse para proporcionar al lector un punto de vista de los hechos diferente.
Esta función puede realizarla también una pareja o incluso una colectividad (como los siete enanitos en el cuento de Blancanieves o la compañía del anillo en El señor de los anillos).
La princesa (y su padre)
En el esquema clásico, representa el objetivo o la recompensa. Funciona como el elemento que debe ser rescatado o identificado. El “padre” suele actuar como quien propone las tareas difíciles para verificar la identidad del héroe.
Sí, desgraciadamente en algunas historias aún sigue vigente que los personajes femenimos funcionen como recompensa del héroe. Vamos a ver cuándo empiezan a cambiar estas cosas.
El mandante
Es quien detecta la carencia y despacha al héroe. Es el personaje que da el “empujón” inicial, convirtiendo la tragedia en una búsqueda activa. Puede ser alguien que le da una misión o le recomienda actuar frente a una injusticia. Reyes, padres, madres y mentores suelen realizar esta función.
El falso héroe
Un personaje intrigante que intenta usurpar los logros del protagonista. Su función es generar una tensión final, obligando al héroe a demostrar su valía antes del desenlace. Un rival, o incluso un familiar celoso del héroe, suele ejercer esta función.
Estos son los siete roles básicos establecidos por Propp, sin embargo, hay que tener en cuenta que un personaje podría realizar varias de estar funciones.
¿Sigue vigente este modelo?
Aunque Propp basó su estudio en los cuentos maravillosos rusos, su legado se mantiene en la narrativa moderna sobre todo en historias fantásticas y de aventuras, así como en muchas historias cinematográficas.
Cierto es que, estos siete roles son muy limitados, pero nos sirven para preguntarnos acerca de las funciones básica que pueden tener los personajes de nuestras historias. En conclusión, los personajes, para Propp no son solo una personalidad, son engranajes dentro del hilo argumental.

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