Si alguna vez, mientras estabas leyendo una historia, has sentido que el narrador se ha transformado en un profesor de Historia que empieza a explicarte todo, como si en lugar de estar leyendo una novela de ficción estuvieras en clase, probablemente hayas detectado lo que se conoce como exposición forzada o infodumping.
Se trata de un error muy común entre los escritores principiantes. En este artículo voy a explicar qué es exactamente la exposición forzada, por qué aparece, cuáles son sus formas más habituales y, sobre todo, cómo evitarla.
1. ¿Qué es la exposición forzada?
La exposición forzada es la presentación artificial de información dentro de una obra narrativa. Ocurre cuando el autor introduce datos —ya sea sobre el mundo ficcional, la sociedad en la que vive el protagonista, el pasado de los personajes o el contexto— de forma demasido evidente, explicita y poco natural.
Toda historia necesita de una exposición: necesitamos proporcionarle cierta información previa al lector. No puede adivinar cómo funciona el mundo que has imaginado y cuáles son sus reglas, especialmente si se trata de una historia no realista, ni puede entender qué le ocurrió al protagonista diez años atrás, si no lo muestras. No hay nada malo en dar esa información, el problema está en la forma de introducirla. La exposición forzada se produce cuando la información no está bien integrada en el texto. Los lectores sienten que el autor le está “explicando la historia” en lugar de darle la posibilidad de sentirla y vivirla. El resultado es una ruptura de la ilusión narrativa. La exposición forzada nos saca de la historia y nos recuerda que hay un autor detrás que empieza a resultarnos molesto.
2. ¿Cuándo se produce exposición forzada?
Veamos algunos momentos en los que no es difícil caer en la exposición forzada.
Cuando la información, no está integrada dentro la acción
Ante la exposición forzada, notamos que la acción se paraliza. Se rompe el ritmo narrativo y acaba por sacarnos de la escena. Es como si el narrador cambiara de tema y se pusiera a contarnos algo que no está sucediendo en ese momento. Lo entenderás mejor con un ejemplo. Pongamos que el protagonista, un legionario romano, se enfrenta al antagonista, y cuando este último saca una daga y parece que se la va a clavar al héroe, la acción se detiene y asistimos a una clase de forja que nos describe las incrustaciones de plata en la vaina de un pugio de Vindonissa, el símbolo de la empuñadura o los detalles de los remaches de latón. En ese momento, te olvidas por completo de lo que le va a pasar al prota y lo único que deseas es clavarle el puñal al narrador.
No responde a una necesidad dramática
Para saber si se trata de una exposición forzada o no, conviene preguntarnos qué pasa si eliminamos esa información. Si la escena se entiende y funciona de igual modo, probablemente sea que sí. Está claro que podemos introducir información no sea necesaria, pero interesante y que ayuda a añadir matices a los hechos, la cuestión es tener claro si ese es el momento más adecuado para insertarla y si esta es o no excesiva.
Se presenta como un “volcado de datos” o infodumping
En el infodumping (también llamado bloque informativo), aparecen muchos datos explicativos de golpe, es como que el narrador trata de meter la máxima información posible, una detrás de otra. Es bastante habitual en determinados géneros, como la novela histórica, la novela fantástica y la de ciencia-ficción. En todos ellos, hemos hecho un trabajo de investigación o de creación de mundos importante. Conocemos muchos detalles interesantes de la sociedad donde hemos ambientado la novela, o de la que nos hemos inventado: su origen, la organización interna y de gobierno, la biología, razas y linajes… Y claro, queremos que el lector también conozca todos esos detalles para que vea todo lo que hemos inventado o averiguado, todo lo que hemos trabajado.
En fantasía y ciencia ficción es especialmente frecuente. Se crea un mundo tan complejo que el autor siente la necesidad de justificarlo todo desde el principio. El problema, por lo general, no es la complejidad, sino la forma de introducir los datos. No es que la información sea irrelevante, sino que se presenta sin tensión narrativa. Una forma eficaz es distribuir la información en pequeñas dosis a lo largo de escenas donde haya conflicto. Así el lector la va descubriendo poco a poco.
Sin embargo, tampoco podemos contarlo todo. Que una historia trascurra en una época o un mundo concreto no significa que debamos conocer todos los detalles: hay que seleccionar lo relevante. Por otro lado, una vez tengamos claro qué información es la más importante, hay que aprender a introducirla en el texto de una manera sutil, que no parezca que estamos en una clase de Historia como en el instituto o la universidad.
Diálogos poco verosímiles
También podemos encontrarnos con exposición forzada en los diálogos, cuando la información que se proporciona suena poco creíble tal y como lo dicen los personajes. En estos casos, en lugar de que un personaje quiera decirle a otro algo, parece que a quien se lo quiere decir es al lector.
Este tipo de exposición tiene nombre propio: as-you-know-bob (como ya sabes, Bob), lo que nos indica que es un cliché muy frecuente. Por desgracia es bastante utilizado en las series de ficción, que en ocasiones deben poner al día a los espectadores de sucesos de otras temporadas que quizá no recuerden. El resultado de todo esto es que el lector deja de vivir la historia y empieza a sentir que el autor le está explicando algo desde fuera.
El narrador se vuelve explicativo
Otra situación, menos grave porque tiene una solución más fácil, se produce cuando el narrador resulta muy explicativo. A veces, se diría que dice las cosas dos veces, una de forma natural y otra explicativa. En estos casos el narrador interrumpe la experiencia para interpretar emociones o explicar lo que el lector ya puede deducir a partir de la acción.
Veo errores de este tipo más de lo que me gustaría. Pongamos un ejemplo simple: Antonio gritó basta, cerró la puerta de un portazo y se marchó muy enfadado. Bueno, pues si grita y da un portazo, cómo se va a marchar, ¿alegre? Esa frase final está de más. Otro ejemplo: Al no lograr su propósito, clavó el puñal contra el cojín con rabia hasta que vio el relleno volar por los aires. Estaba lleno de ira. Hemos visto esa ira, no es necesario nombrar directamente la emoción. Tu lector no es tonto.
Un recuerdo sin detonante o fuera de lugar
Este error cada vez lo veo con más frecuencia. El personaje reflexiona sobre su pasado de forma poco creíble solo para informar al lector de algún acontecimiento anterior. Y es que a menudo se abusa del recurso de la retrospección para explicar cosas y la memoria del protagonista se activa justo en el momento exacto en que el lector necesita saberlo, sin que haya un detonante emocional convincente.
No nos acordamos de golpe de las cosas. Siempre hay algo, un estímulo visual, un encuentro, una sensación… algo en el presente, en la escena que está sucediendo en ese momento, que provoca que el personaje recuerde algo: es el detonante del recuerdo. Cómo introducir recuerdos, y cómo integrar ese recuerdo dentro de la escena es una de las cosas básicas que hay que aprender si quieres escribir narrativa.
3. ¿Por qué cometemos infodumping?
Existen varias razones por las que podemos caer en este error. Es difícil escaparse a todos ellos, pero hay que intentarlo.
Por miedo a que el lector no lo entienda
El autor subestima la capacidad del lector para entender lo que está pasando, o para recordar información que ya se ha dado o que ya conoce.
Por exceso de planificación previa
En géneros como la fantasía o la ciencia ficción, el escritor crea mundos complejos y siente la necesidad de explicarlos en detalle. Nos ha costado mucho crear ese wordbuilding como para no meterlo en la novela. Pero a veces es mejor sacrificar parte de la información. Aunque duela, snif.
Por deseo de plasmar todo la investigación histórica
Es habitual en la novela histórica. El material obtenido de la investigación resulta muy interesante para el autor y no quiere que el lector se lo pierda. Pero una novela es una novela, si quiere más, que lea un ensayo.
Falta de confianza en el subtexto
Algunos autores temen que los conflictos o motivaciones no queden claros sin explicarlos explícitamente. ¿Tenemos que enterarnos absolutamente de todo lo que piensan los personajes? No.
Desconocimiento del principio “mostrar, no decir”
Ya hemos hablado antes de esta máxima de la literatura en este blog en otro artículo. Te recomiendo repasarlo. La falta de visibilidad literaria puede producir exposición forzada, ya que su ausencia provoca que tengamos que explicar las cosas.
4. Cómo evitar la exposición forzada
Pregúntate: ¿Se necesita esta información ahora?
Antes de incluir información, pregúntate si el lector necesita saber eso en ese momento o puede descubrirlo después sin que interfiera en la comprensión de lo que sucede. Con frecuencia, retrasar información genera curiosidad. Así que no solo solucionas un error, sino que puedes generar intriga.
Integra la información en conflicto
La mejor exposición ocurre cuando está ligada a una necesidad dramática. En lugar de explicar el sistema político de un reino, muestra una disputa en el consejo. La información emerge a través del enfrentamiento y los diálogos con los personajes.
No te extralimites con el punto de vista
Si trabajas con un punto de vista limitado, solo muestra lo que el personaje percibe o considera relevante. Evita insertar datos que el personaje no tendría motivo para pensar en ese momento.
Confía en el contexto de la escena y muestra los detalles
El lector puede deducir muchas cosas a partir de los gestos y reacciones de los personajes. No te olvides de darles visibilidad. No todo debe verbalizarse. Incluso los diálogos deben tener visibilidad, puedes introducirla por medio del narrador o las acotaciones.
Fragmentar la información evita el infodumping
En lugar de un bloque explicativo, distribuye los datos en pequeñas dosis a lo largo de varias escenas. De lo más general, a los detalles más pequeños. De esa forma se va enriqueciendo la información principal sin que resulte pesada. Este método crea un efecto de descubrimiento progresivo.
Elimina redundancias
Revisa tu texto y busca frases donde explicas lo que ya has mostrado. Menos, es más; como decía el arquitecto Mies Van der Rohe.
5. Conclusiones
La exposición forzada aparece cuando el autor prioriza la explicación sobre la experiencia. La clave no es eliminar la información, sino hacerla invisible. Integrarla de manera sutil, que pase desapercibida para el lector y no interrumpa la acción ni te saque de la escena.
Toda historia necesita contexto. La clave es cómo se muestra ese contexto. Cuando la información surge de la acción, del conflicto y de la psicología de los personajes, el lector participa activamente en la construcción de la historia. Cuando el autor interrumpe para explicar, el hechizo de la ficción se rompe.
Para terminar, te incluyo algunos consejos para evitar la exposición forzada.
- No le digas al lector algo que ya sabe.
Esto quiere decir que no conviene repetir cosas ni ser explicativo.
- Un personaje no debe decirle a otro algo que ese personaje ya sabe.
Un diálogo debe ser natural, que no parezca que quieres informar al lector.
- Evita los “momentos Wikipedia”
Si un párrafo parece escrito como en un artículo, o suena a Wikipedia, manual de instrucciones o una clase de Historia, está mal. Céntrate en contar la historia. El resto, gira alrededor de ella, pero no debe distraer ni molestar.
Bibliografía:
Consignas para escritores, de Jorge Eduardo Benavides.
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