Memorias de una joven formal constituye la primera parte de la autobiografía de Simone de Beauvoir. Publicado en 1958, el libro abre con el relato de su nacimiento en el seno de una familia burguesa y católica en Francia, y recorre su infancia, adolescencia y primera juventud, hasta el momento en que comienza a afirmarse como intelectual y mujer independiente.
Desde muy pequeña, Simone Beauvoir mostró una enorme curiosidad por el mundo. Se apasionó por la lectura, el conocimiento y la filosofía. La lectura no fue solo un pasatiempo, sino una forma de expansión interior y de descubrimiento del mundo. Los libros le ofrecían horizontes que contrastaban con el entorno cerrado y moralmente rígido en el que creció. Con el tiempo, fue tomando distancia del pensamiento tradicional que la rodeaba y la educación formal a la que se sometía. En sus memorias, comparte su proceso de formación. A través del estudio fue construyendo una conciencia crítica que la llevó a cuestionar las creencias religiosas, las normas sociales y el modelo de feminidad que le proponían como único destino posible.
El título, “Memorias de una joven formal” es irónico. Aunque de niña encajó perfectamente en el molde de “niña bien” que su familia esperaba, pronto comenzó a cuestionar su mundo: la religión, la familia y especialmente el rol asignado a las mujeres. Así empezó su camino hacia la independencia de pensamiento y de vida.
Más que escribir una autobiografía corriente, este libro retrata el proceso de transformación de “una joven formal” que decide dejar de cumplir con las expectativas ajenas para empezar a ser ella misma. Beauvoir se muestra decidida a construir una vida libre, incluso en contra de las convenciones sociales. Sin pedir permiso. El lector asiste al despertar de una vocación intelectual y al nacimiento de una voluntad firme de independencia. No se trata únicamente de querer pensar diferente, sino de decidir vivir de acuerdo con ese pensamiento.
Si bien no es un ensayo feminista como El segundo sexo, estas memorias nos permiten ver, de manera más personal y directa, cómo Beauvoir vivió, pensó y se rebeló contra los límites impuestos a las mujeres. Un relato poderoso que, sin duda, ayudó a sentar las bases de su pensamiento posterior.
Os dejamos a continuación un breve fragmento del comienzo de las memorias de Simone de Beauvoir:
Nací a las cuatro de la mañana el 9 de enero de 1908, en un cuarto con muebles pintados de blanco que daba sobre el Bulevar Raspail. En las fotos de familia tomadas el verano siguiente veo a unas jóvenes señoras con vestidos largos, con sombreros empenachados de plumas de avestruz, señores con ranchos de paja y panamás que le sonríen a un bebé: son mis padres, mi abuelo, tíos, tías y soy yo. Mi padre tenía treinta años, mi madre veintiuno, y yo era la primogénita. Doy vuelta una página del álbum; mamá tiene entre sus brazos un bebé que no soy yo; llevo una falda tableada, una boina, tengo dos años y medio y mi hermana acaba de nacer. Sentí celos, según parece, pero durante poco tiempo. Por lejos que me remonte en el tiempo encuentro el orgullo de ser la mayor: la primera. Disfrazada de Caperucita Roja, llevando en mi cesta una torta y un tarro de manteca, me sentía más interesante que un lactante clavado en su cuna. Tenía una hermanita: ese bebito no me tenía.
De mis primeros años sólo encuentro una impresión confusa: algo rojo y negro y cálido. El departamento era rojo, rojo el alfombrado, el comedor Enrique II, la seda acanalada que tapaba las puertas ventanas y en el escritorio de papá las cortinas de terciopelo; los muebles de ese antro sagrado eran de peral ennegrecido; yo me cobijaba en el nicho que se abría bajo el escritorio y me enroscaba en las tinieblas; estaba todo oscuro, hacía calor y el rojo de la moqueta gritaba dentro de mis ojos. Así pasó toda mi primera infancia. Yo miraba, palpaba, aprendía el mundo, al amparo.
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