Thomas Mann no escribió su autobiografía propiamente dicho, pero sí dejó numerosos diarios, entre ellos, los Diarios de entreguerras (1918-1939). Cuando aparecieron, tenía una anotación escrita de su puño y letra que decía: “Sin ningún valor literario, pero no deben abrirse hasta pasados veinte años de mi muerte”.
Novela con inspiración autobiográfica
Considerado uno de los grandes autores del siglo XX., el ganador del Premio Nobel de Literatura en 1929 venía de una familia acomodada de Lübeck, Alemania, pero su vida dio un giro cuando su padre murió y la familia tuvo que mudarse a Múnich.
Desde joven, se sintió atraído por la escritura. Su primera novela, Los Buddenbrook (1901), se publica cuando Mann tiene 26 años. Fue un éxito y lo convirtió en una estrella literaria. La historia sigue la decadencia de una familia burguesa a lo largo de varias generaciones, algo que tenía mucho de autobiográfico.
En otras de sus obras más conocidas son La montaña mágica (1924), también escribió experiencias personales. Como la enfermedad de su esposa, Katia, quien estuvo internada en un sanatorio. La novela que trata sobre un joven que visita un sanatorio en los Alpes y termina quedándose años mientras reflexiona sobre la vida, la muerte y la sociedad.
Mann tuvo, en sus últimos años, una postura muy crítica contra el nazismo y tuvo que exiliarse cuando Hitler llegó al poder. Se fue primero a Suiza y luego a Estados Unidos, donde incluso trabajó haciendo transmisiones de radio en contra del régimen nazi. Después de la guerra, pasó sus últimos años entre Suiza y EE. UU. Y eso que había escrito Consideraciones de un apolítico, un libro en el que defiende el nacionalismo monárquico alemán y en el que no se define como demócrata. Mann pasó de no creer en la democracia, a adherirse a la República de Weimar y finalmente enfrentarse al nazismo, del que opinaba que coartaba las libertades, animando a los alemanes a enfrentarse a Hitler.
Su estilo es bastante profundo, con mucha ironía y reflexiones filosóficas. Tocaba temas como la decadencia, el arte, la moralidad, y el choque entre el individuo y la sociedad.
Diarios personales
Thomas Mann dejó muchos diarios personales, que se publicaron después de su muerte, incluyendo estos Diarios de entreguerras. En ellos habla de su vida, sus pensamientos, su proceso creativo e incluso su lucha con su propia sexualidad, ya que tenía una atracción por hombres que nunca expresó abiertamente en su tiempo. Casado con Katia Mann, tuvieron seis hijos, pero sus diarios personales, que se publicaron después de su muerte, revelan que sentía una fuerte atracción por hombres, aunque nunca la vivió abiertamente. Fue algo que siempre llevó en la sombra, a diferencia de su hijo Klaus, también escritor, como también lo fue otra hija de Mann, Erika.
En estos Diarios de entreguerras, escribió sobre sus sentimientos hacia algunos jóvenes que admiraba, como su obsesión platónica por un chico llamado Klaus Heuser. También se pueden encontrar rastros de estos sentimientos en su literatura. Como en La muerte en Venecia, donde el protagonista, un escritor mayor, se enamora de un joven llamado Tadzio. En una entrada de sus diarios de 1911, escribió sobre un chico polaco que conoció en Venecia. Se llamana Władysław Moes, y le inspiró para el personaje de Tadzio en La muerte en Venecia. En su diario, Mann describe su belleza con una emoción que va más allá de la simple admiración estética.
La que sí escribió una autobiografía fue su esposa Katia Mann. En sus memorias podemos perfilar con más detalles las filias y enemigos de Mann, así como sus gustos y costumbres como, por ejemplo, que siempre escribía de 9 a 12 de la mañana, como mucho, un par de páginas y que nunca corregía.
Diarios de entreguerras
A continuación, te dejo el primer fragmento de sus diarios de entreguerras:
Miércoles, 11 de septiembre de 1918
Hace dos días que regresamos de Tegernsee. La casa todavía sin limpiar, sin alfombras. Por la mañana escribí al comandante Franz Carl Endres acerca de su novela sobre Constantinopla, a Kurt Martens, con motivo de las capillas de Reflexiones, y a Adele Gerhard, mentira piadosa, sobre sus relatos Lenguaje de la tierra. Paseo pluvioso con Bauschan. Comida en el salón de arriba. Katia fue a ver a 2, debido a su estado de salud. Este desmiente, pese a todos los síntomas. Enigmático. Para el té, Bertram, que parte mañana para Elbersfeld y trajo su libro sobre Nietzsche, adornado de flores y con dedicatorias tan oportunas como ingeniosas. Katia estuvo en la calle Arcis. Por la tarde leí con emoción y ensimismado pasajes del libro de Bertram, que me atrae como si fuese gemelo del mío.
El lago de Tegern sigue viviendo en mí, con sus aguas agitadas, las remembranzas del Lido de Venecia en la playa, la ida a Bath Kreuth con Bertram, la ascensión al Hirschberg, la noche en el refugio, la madrugada en la cima, con viento del sur, antes de la salida del sol y contemplándola. Horrorosa la partida de Villa de Fregger. Travesía a remo, con la niñera, Golo y la nueva criada, Ana, que llevaba a la pequeña, por el lago turbulento, que amenazaba tormenta. Curiosidad por la aventura que supone la publicación de Reflexiones. Oculta ironía de última hora a la espera de lo imprevisible. Contento de que no haya ningún viaje en perspectiva para el invierno y de que no dejemos en modo alguno la mansión de Herzogspark en un futuro inmediato. Cuando esté de nuevo arreglada, se podrá vivir y resistir muy bien en ella, y es que estoy dispuesto a todo, he soportado demasiado y demasiado me he propuesto como para que se me pueda molestar realmente aún más. Terminaré Señor y perro, después, sin tener que escribir un prólogo para la centésima edición de Los Buddenbrook, pasaré a ocuparme de La montaña mágica.
Terrible mi excitación, rayana en el agotamiento, ayer por la tarde, con la nena: la niñera de vacaciones, Katia de compras, yo solo con la adorada criatura, que estaba mojada y desarropada, y a la que quité las prendas húmedas y frías, pero a la que no supe seguir ayudando, y que lloraba espantosamente, quizá bajo la impresión de mi desamparo. Temí perder su confianza. Y después, para colmo, la irritación con la bestia de la cocinera. Temblores, cansancio, mal humor. Hoy mejor.
Si quieres aprender más sobre la vida del autor alemán y su familia, te recomendamos la lectura de Los Mann del biógrafo Thomas Lahme.
Diarios de entreguerras (1918-1939). Mann, Thomas. Editorial De Bolsillo. 2021.
Los Mann, historia de una familia. Navona editorial. 2019
BOLETÍN DE SUSCRIPCIÓN
Los comentarios están cerrados.



